Por Reinaldo Millán / Especial del Festival de la Palabra de Puerto Rico
Con fino humor, ironía seductora y elegante voz, el escritor puertorriqueño Luis Rafael Sánchez presentó anoche diez postales para el Viejo San Juan, un viaje pictórico literario que paseó a decenas de atentos y maravillados amantes de la palabra por diversas estampas de la historia de la capital de Puerto Rico.
En su conferencia magistral “Postales de la ciudad noble y leal”, Luis Rafael Sánchez se dirigió a un público cautivo en el Museo de Arte de Puerto Rico, así como a más de 30 millones de televidentes que posiblemente lo pudieron ver en vivo por HITN-TV, sin otra intención que no fuera la de provocar. Y esa provocación tuvo efecto cuando comenzó a repartir postales, esas imágenes que eternizan un instante y que se quedan grabadas en nuestra mente como si fueran carteles que se fijan en una pared o grafitos que se dibujan en las puertas de nuestros dormitorios.
Y cada postal iba acompañada de una cita, pero no de cualquier cita sino de aquellas que del mismo modo se han quedado grabadas en los recuerdos de los puertorriqueños como si fueran oraciones divinas o bíblicas, porque del mundo de la literatura y la música se han pegado al oído de los boricuas como si fueran pantallas que se han soldado en sus orejas.
“Postal Primera: Desde una altura relativa, cuando el avión prepara el descenso y unos tramos costeños alertan de la cercanía insular, San Juan parece un fantástico jardín nocturno. El regalo que espera de noche al que llega a la capital puertorriqueña lo constituyen los ramilletes de flores eléctricas que impugnan hasta hacerla tambalear, la dictadura de las sombras. No hay otra ciudad caribeña mejor alumbrada”, subrayó para ilustrar la contaminación lumínica que describe las noches de San Juan del mismo modo en que Ortega Y Gassett caracterizaba las de Nueva York con el epíteto de una ciudad con “un cielo cálido”.
El autor de La guaracha del Macho Camacho mencionó que “un país con forma de isla es un país en forma de cárcel”, de la que huyen miles, como por ejemplo los boricuas que se montan en guagua aérea, los dominicanos en yola y los cubanos en balsa, tratando de escapar del Caribe, al que comparó con un pez caníbal que devora lo que pasa por sus aguas. Como cita final para esa postal presentó la voz de Luis Paléz Matos: ¡Ahí vienen los tambores!/Ten cuidado, hombre blanco, que a ti llegan/ para clavarte su aguijón de música./Tápate las orejas,/cierra toda abertura de tu alma/y el instinto dispón a la defensa;/que si en la torva noche de Nigricia/te picara un tambor de danza o guerra/su terrible ponzoña/correrá para siempre por tus venas.
Luis Rafael continuó repartiendo postales, nueve más, que invitaron a una genuina reflexión sobre la filosofía del materialismo mágico, el consumo desmedido, el ruido ensordecedor, las corrientes migratorias, la eterna discusión del estatus, la distancia generacional, la incomunicación de clases, el narcotráfico, la demagogia política, los despidos por la Ley 7, la huelga universitaria y hasta la financiación gubernamental de la fe, que se mercadea a través de algo así como “Jehová Inc. Se salvan almas al contado”.
En la décima postal pintó una ciudad de San Juan que “avanza terca y guapona, amarga y populachera, dejándose tentar por los sueños pero cuidándose de las devastaciones de sus fuegos”. Finalizó con el pegajoso estribillo que cantan todos los puertorriqueños, aunque no hayan vivido en la capital pero que lloran como tal vez ocurrió con Noel Estrada: “Una tarde partí hacía extraña nación, pues lo quiso el destino. Pero mi corazón, se quedó frente al mar, en mi Viejo San Juan”.
Las diez postales de Luis Rafael Sánchez cerraron la jornada del viernes del Festival de la Palabra que se ha venido desarrollando en esta ciudad desde el miércoles.
El Salón Literario Libroamérica en Puerto Rico, bajo la dirección de Mayra Santos Febres, organiza el Festival de la Palabra.


